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Los ERP llevan muchos años automatizando tareas. Generan asientos contables, actualizan existencias, transforman pedidos en albaranes, calculan vencimientos o lanzan determinados procesos cuando se cumplen unas condiciones.

Por eso, cuando ahora hablamos de agentes de IA en el ERP, conviene empezar haciendo una distinción: añadir inteligencia artificial no consiste simplemente en automatizar más botones.

La evolución que está introduciendo Cegid en Cegid Ekon XRP con Cegid Pulse apunta a algo diferente. La IA pasa de ayudar a consultar información a participar en procesos empresariales completos, interpretando contexto y ejecutando determinadas acciones dentro del sistema.

Cegid ha incorporado a Cegid Pulse nuevos agentes especializados en procesos de venta y postventa capaces de intervenir en tareas de ventas, logística, facturación y contabilidad. La compañía mantiene además su agente financiero, orientado al análisis de información, indicadores y apoyo a la toma de decisiones.

Es un cambio relevante porque afecta a la forma en la que entendemos la automatización dentro del ERP.

Cegid Pulse pasa del asistente a los agentes especializados

Las primeras aplicaciones de IA generativa en software empresarial se parecían mucho a un asistente.

El usuario hacía una pregunta y el sistema respondía.

«¿Cuál es la deuda de este cliente?»

«Compara estos dos periodos.»

«Calcula este indicador financiero.»

«Resume esta información.»

Ese enfoque sigue teniendo utilidad. De hecho, el agente financiero integrado en Cegid Ekon XRP puede trabajar con información financiera, calcular determinados indicadores, analizar la deuda de clientes o ayudar a preparar comunicaciones a partir de esos datos. Cegid también presenta Pulse como una capa integrada en sus soluciones que permite interactuar en lenguaje natural con la información empresarial.

Pero los nuevos agentes llevan la idea un paso más allá.

Ya no se limitan a responder sobre lo que ocurre en el ERP. Pueden participar en lo que ocurre después.

Un correo recibido puede convertirse en una propuesta de pedido. Una operación validada puede avanzar hacia la preparación logística. Una venta lista para facturar puede generar su factura. Y la actividad comercial puede terminar produciendo los correspondientes registros contables.

En otras palabras, la IA empieza a conectar acciones que anteriormente requerían la intervención sucesiva de varias personas o automatizaciones independientes.

Automatización tradicional y agentes de IA: no son lo mismo

Una automatización clásica funciona especialmente bien cuando sabemos de antemano qué ocurrirá.

Por ejemplo:

Cuando una factura se contabilice, genera su vencimiento.

O:

Si el stock cae por debajo de determinada cantidad, genera una alerta.

Son reglas previsibles. El sistema recibe un dato estructurado, comprueba una condición y ejecuta una acción previamente definida.

Este tipo de automatización continúa siendo imprescindible. Nadie necesita un agente de IA para resolver todas las tareas de un ERP.

Los agentes resultan interesantes cuando el punto de partida es menos estructurado o el proceso necesita interpretar contexto.

Automatización tradicional Agente de IA
Ejecuta reglas previamente definidas Puede interpretar información y contexto dentro de su ámbito
Trabaja especialmente bien con datos estructurados Puede trabajar también con entradas como correos o documentos
Sigue un flujo determinado Puede intervenir en distintas etapas de un proceso
Las excepciones deben parametrizarse Puede detectar situaciones, alertar o proponer acciones
Automatiza una acción Puede coordinar varias acciones relacionadas
El usuario configura qué debe ocurrir El usuario define procesos, permisos y límites, y supervisa la actuación

Cegid describe precisamente esta evolución al presentar Pulse como un conjunto de agentes integrados en el software, especializados en distintas áreas y capaces de automatizar tareas recurrentes, anticiparse a determinados errores, generar recomendaciones y trabajar utilizando el contexto empresarial disponible.

La diferencia puede parecer teórica hasta que la llevamos a un proceso cotidiano.

Del correo del cliente a la contabilidad: así cambia el ciclo de venta

Uno de los ejemplos más claros está en el nuevo conjunto de agentes para automatizar el proceso de ventas de Cegid Ekon XRP.

El interés no está tanto en cada función por separado como en la continuidad entre ellas.

Interpretar un pedido que llega fuera del ERP

Un cliente envía un correo y adjunta un PDF con su pedido.

En un proceso tradicional, alguien abre el documento, identifica referencias, cantidades, precios y condiciones y vuelve a introducir esa información en el ERP.

Es una tarea aparentemente sencilla, pero consume tiempo y crea un punto de error: una referencia mal escrita, una cantidad incorrecta o unas condiciones comerciales que no coinciden.

El denominado por Cegid Agente de Hoja de Recogida analiza los correos y documentos PDF recibidos, identifica artículos, precios y condiciones comerciales y genera una propuesta de pedido dentro del ERP.

Aquí aparece una de las diferencias fundamentales con una integración tradicional.

No estamos trasladando simplemente campos perfectamente estructurados desde una aplicación a otra. El sistema interpreta información que ha llegado en un formato pensado originalmente para una persona.

La logística entra en el mismo proceso

Una vez validada la operación, el flujo continúa hacia logística.

Según la descripción de Cegid, el sistema puede optimizar la preparación y salida de las mercancías teniendo en cuenta elementos como plazos de entrega, disponibilidad de stock y agrupación de pedidos.

Esto cambia bastante el alcance de la automatización.

Antes podíamos tener una automatización para crear el pedido y otra para almacén. El agente trabaja sobre el contexto de la operación que está avanzando por el ERP.

Para una empresa de distribución, esa continuidad resulta especialmente interesante porque comercial y almacén dejan de funcionar como dos procesos que simplemente se intercambian documentos.

La operación empieza a tratarse como un único flujo.

Es una evolución coherente con algo que ya defendíamos al hablar de integración entre ERP y otros canales de venta: digitalizar la entrada de un pedido sirve de poco si todo lo que ocurre después vuelve a depender de tareas manuales.

La facturación deja de esperar a que alguien revise una bandeja

Después aparece el Agente de Facturación Inteligente.

Cegid indica que este agente puede detectar operaciones preparadas para facturar, aplicar las condiciones correspondientes al cliente, generar la factura y enviarla.

La diferencia respecto a una facturación automática basada únicamente en reglas está en el contexto que acompaña a la operación.

La factura no aparece como un proceso independiente. Forma parte de una secuencia iniciada con la solicitud del cliente y continuada a través de ventas y logística.

Eso reduce una de las situaciones más habituales en procesos fragmentados: la operación está terminada desde el punto de vista comercial, pero administrativamente sigue pendiente porque nadie ha ejecutado el siguiente paso.

La actividad termina llegando a contabilidad

El ciclo continúa con el Agente de Control Contable, que genera los asientos y lotes contables correspondientes a la actividad comercial procesada.

La idea es especialmente relevante para finanzas.

Durante años, gran parte de la automatización contable se ha centrado en evitar introducir manualmente información que ya existía en otros módulos del ERP. Los agentes añaden otra capa: ayudan a que el propio proceso operativo vaya avanzando hasta producir la información financiera correspondiente.

Esto conecta directamente con la evolución que analizamos en nuestro artículo sobre automatización financiera con Cegid XRP: finanzas obtiene más valor cuando dedica menos tiempo a trasladar información y más a revisar excepciones, analizar resultados y anticipar problemas.

Los agentes de IA no significan eliminar los controles

Hablar de procesos autónomos puede provocar una impresión equivocada: que la IA recibe un correo y empieza a ejecutar operaciones empresariales sin ningún tipo de supervisión.

No es el planteamiento descrito por Cegid.

En el flujo de ventas presentado por la compañía, el sistema genera inicialmente una propuesta y la operación debe validarse antes de continuar hacia las siguientes etapas. Además, Cegid incorpora un Centro de Control de Agentes desde el que se puede mantener trazabilidad y supervisar las acciones realizadas por la IA.

Este punto es probablemente más importante que la espectacularidad de la propia IA.

En un ERP, una acción puede afectar a stock, compromisos con clientes, facturación, contabilidad y finalmente dinero. Por tanto, un agente empresarial útil necesita algo más que capacidad para generar una respuesta convincente.

Necesita permisos.

Reglas de negocio.

Datos fiables.

Trazabilidad.

Y puntos de validación allí donde el riesgo de una decisión lo justifique.

La autonomía empresarial debe diseñarse, no simplemente activarse.

El agente financiero muestra la otra cara de Cegid Pulse

No todos los agentes tienen que ejecutar un proceso de principio a fin.

El agente financiero de Cegid Pulse representa otra aplicación de la misma tecnología: utilizar el contexto del ERP para analizar y asistir.

Cegid pone ejemplos como calcular indicadores específicos, analizar la deuda de un cliente, comparar información financiera o elaborar un correo a partir de esos datos. La plataforma también plantea capacidades para detectar situaciones relevantes y proponer recomendaciones.

Aquí la IA no sustituye una contabilización automática.

Ayuda a interpretar lo que la contabilidad está diciendo.

Es una distinción importante. Automatizar un asiento reduce trabajo administrativo. Detectar que la deuda de determinados clientes está empeorando y facilitar el análisis ayuda a decidir.

Ambas capacidades pueden coexistir dentro del mismo ERP.

Por eso, como explicábamos al analizar la relación entre ERP, visibilidad y toma de decisiones, la evolución del software empresarial no consiste simplemente en registrar más datos. Consiste en hacerlos utilizables cuando todavía podemos tomar una decisión.

Cuanto más capaz sea la IA, más importantes son los datos y los procesos

Hay una tentación bastante comprensible ante este tipo de tecnología: pensar que un agente inteligente resolverá procesos que actualmente funcionan mal.

Probablemente ocurra lo contrario.

Si las referencias de producto están duplicadas, las tarifas están desactualizadas, el stock no es fiable o las condiciones comerciales de los clientes no están bien mantenidas, dar más autonomía al sistema no arregla el dato de origen.

Permite trabajar más rápido con información incorrecta.

Cegid señala expresamente la calidad de los datos como un elemento fundamental para sus soluciones de IA, ya que los agentes trabajan con el contexto proporcionado por los datos empresariales y por el propio software de gestión.

Por eso la llegada de agentes al ERP aumenta, y no reduce, la importancia de revisar cómo funciona la empresa.

¿Qué datos puede utilizar el agente?

¿Qué operaciones puede ejecutar?

¿Cuándo necesita aprobación?

¿Qué excepciones deben llegar a una persona?

¿Quién supervisa las acciones?

¿Qué ocurre cuando la confianza de una interpretación no es suficiente?

Estas preguntas son de procesos y gobierno del dato tanto como de inteligencia artificial.

Ya planteábamos esta idea cuando analizamos cómo la inteligencia artificial está entrando en los sistemas ERP. La tecnología puede multiplicar la capacidad de automatización, pero necesita una base empresarial ordenada sobre la que trabajar.

El ERP está pasando de registrar lo ocurrido a participar en lo que ocurre

Durante décadas, el ERP ha tenido principalmente una función de registro y control.

El usuario realizaba una acción y el sistema la guardaba.

Después llegaron los workflows y los automatismos: el usuario realizaba una acción y el sistema desencadenaba otras tareas previamente definidas.

La nueva generación de agentes introduce una tercera posibilidad.

El sistema recibe información, interpreta su contexto, propone o ejecuta acciones dentro de un proceso y puede solicitar intervención humana cuando corresponde.

No significa que desaparezcan los usuarios ni que todas las tareas deban convertirse en agentes. Las automatizaciones deterministas seguirán siendo mejores para multitud de procesos perfectamente estructurados.

El cambio está en ampliar el terreno que puede automatizarse.

Un correo que antes necesitaba ser leído.

Un documento que alguien tenía que interpretar.

Una operación que permanecía pendiente hasta que otra persona detectaba que podía facturarse.

Una situación financiera que requería preparar manualmente varios informes antes de comprenderla.

Ahí es donde los agentes de IA empiezan a tener sentido.

Qué debería preguntarse una empresa antes de incorporar agentes de IA al ERP

La pregunta no debería ser «¿cuántos agentes tiene nuestro ERP?».

Hay otras bastante más útiles.

¿Dónde consume tiempo nuestro equipo interpretando información y trasladándola al sistema?

¿Qué procesos pasan innecesariamente por varias personas?

¿Dónde se producen más errores administrativos?

¿Qué tareas siguen pendientes simplemente porque alguien tiene que detectar que ha llegado el momento de realizarlas?

¿Tenemos datos suficientemente fiables para dar más autonomía al software?

¿Y qué decisiones queremos mantener siempre bajo supervisión humana?

Responder estas preguntas permite separar un proyecto de automatización serio de una simple incorporación de IA porque el mercado está hablando de ella.

En Precognis trabajamos con Cegid Ekon XRP precisamente desde esa perspectiva. La implantación del ERP, la integración con otras herramientas y la automatización deben partir del proceso real de la empresa.

Los nuevos agentes de Cegid Pulse amplían considerablemente lo que puede hacer el sistema. Pero sacarles partido exige decidir dónde la autonomía aporta valor, dónde debe existir validación y qué información necesita el ERP para trabajar con fiabilidad.

La evolución relevante no es tener una IA dentro del software.

Es que el software empiece a participar de forma útil, trazable y controlada en el trabajo que hasta ahora tenía que coordinar el equipo.

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